SOÑAR Y CONSTRUIR UN MUNDO MÁS FRATERNAL EN UN ENTORNO MÁS HABITABLE

Hemos querido encabezar este site con el lema de la Fundación y con unas preciosas palabras del Mahatma Gandhi a modo de glosa:

"Me siento hermano de todos y, para ser feliz, tengo necesidad de ver feliz al más pequeño de todos mis semejantes. Mi vida es un trabajo sin descanso, realizado con alegría. Ya que no quiero preocuparme del mañana, me siento libre como el aire".

El Señor de la Buena Nueva: Cristo resucitado con el libro de los Evangelios, icono central de la pequeña iglesia de S'Olivar

"El mundo no se encuentra fundamentado sobre la fuerza de las armas, sino sobre la fuerza de la verdad y del amor. Así como hay una fuerza de unión en la materia, así también hay una entre los seres vivos, y esta fuerza es el amor. Las armas de la verdad y del amor son invencibles".

"Creo en la unidad esencial de la persona humana con todo lo que vive. Por consiguiente, si una sola persona da un paso adelante en la vida, toda la humanidad se beneficia. Hemos de cumplir nuestro deber y dejar en manos de Dios toda otra cosa. La plegaria ha salvado mi vida".

El nombre de la Fundación proviene del lugar en la que ésta tiene su sede, la finca de S´Olivar (El Olivar) en la población de Estellencs (Estrella brillante, o Lugar o Valle de estrellas). El olivo, en el pico de la paloma de Noé o plantado en la Acrópolis por Atenea, la diosa de la sabiduría, ha sido, desde los orígenes de la cultura mediterránea, alegoría de la paz mundial. Símbolo también de eternidad, por su longevidad. De fecundidad, porque desde su austera adaptación al entorno alimenta, sana y alumbra a los humanos. De victoria, por lo que en Grecia los atletas olímpicos y los ciudadanos ilustres eran coronados con él. Y, para los cristianos, Cristo (que significa "el ungido" con aceite) fue aclamado un domingo con ramos de olivo. Oraba habitualmente en un huerto de olivos, en el valle del torrente Cedrón, con el cielo estrellado por único techo. Y, finalmente, en el huerto de olivos de José de Arimatea fue sepultado el atardecer de un viernes y resucitó en la madrugada del domingo de Pascua.